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Cultivando en casa

Cultivando en casa

Hola amigas!

Una vez más, gracias por acompañarme en este nuevo post. El día de hoy les quiero hablar de un tema que, además de gustarme muchísimo, resulta sumamente importante para aquellas mujeres que vivimos en la ciudad y que adoramos la naturaleza. A mí me encanta el color verde, por eso siempre busco estar rodeadas de plantas, flores y árboles.

¿Apoco no te conquistan cuando te regalan un ramo de rosas o de girasoles? A todas nos enamoran cuando nos regalan una maceta con tulipanes o una orquídea para cuidarla, pues mientras crece podemos disfrutar de su belleza, de la alegría y la vida que le da a nuestra casa.

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Pero independientemente de que a mí me fascine que mi pareja o mis amigas me consientan con plantas y flores ornamentales, cada que tengo la oportunidad me consiento yo solita, pues cerca de donde vivo hay un lugar maravilloso donde se venden ramos de flores y centros de mesa, y además se puede comprar todo lo necesario para cultivar desde un inicio cualquier clase de planta, flor, vegetal o incluso árboles frutales.

Cuando descubrí este lugar, mi vida cambió para siempre. Ya sé que puede sonar exagerado, sin embargo, las plantas se han convertido en una de mis más grandes pasiones. Antes, cuando me encontraba con un puesto de flores, procuraba comprar al menos un ramo para colocarlo en el florero de la mesa de centro que tengo en mi sala. Pero no me gustaba que esas flores me duraran tan poquito tiempo, pues aunque las cuidara de la mejor manera me duraban a lo mucho dos semanas.

Ya saben, le preguntaba al vendedor o a mis vecinas qué podía hacer para que no se marchitaran tan pronto, hasta que un buen amigo me dijo que sería mejor que no comprara flores que habían sido cortadas, ya que estas, sin importar lo que hiciera, estaban destinadas a perecer porque ya no tienen raíz. Entonces me recomendó comprar plantas o flores siempre y cuando conservaran sus raíces, sólo así podría gozar de su compañía por un tiempo más prolongado, aunque también me dijo que lo ideal sería que yo las cultivase desde un principio.

Así fue como me inicié en este mundo de la horticultura: comencé cultivando mis propias flores y plantas ornamentales para después pasar al cultivo propio de hortalizas, es decir, a la producción de aquellas plantas, verduras y legumbres destinadas a mi consumo. Actualmente, aunque vivo en la ciudad, produzco algunos de los alimentos que constituyen mi dieta, y todo gracias a la atenta instrucción de los dueños del lugar que les comentaba hace unos momentos.

Ahí me enseñaron todo lo que tenía que saber para implementar un huerto urbano, y no me cobraron nada por transmitirme sus conocimientos, además los costos de lo que necesitaba para iniciar mi nueva aventura eran muy bajos, tanto que les sorprendería. Yo solamente invertí en tierra, abonos, semillas o brotes, y aunque sí compré algunas macetas (pues venden unas macetas artesanales hermosísimas), estas no son necesarias, ya que se puede aprovechar cualquier bote, caja o recipiente plástico, incluso los guacales de madera (esos en los que guardan las verduras en los mercados).

Tampoco les voy a decir que cultivar es una tarea sencilla, pues requiere de mucha dedicación, paciencia y amor. A mí me tomó bastante tiempo desarrollar un huerto, entre dos y tres años, pero ahora cosecho los resultados de mi esfuerzo, como más saludablemente, gasto menos dinero y, lo más importante para mí, contribuyo con el cuidado del medio ambiente mientras reciclo, por ejemplo, contenedores plásticos que normalmente se desechan porque se considera que no son más que basura, como las botellas de refresco.

Con las botellas de PET de dos litros he construido una sección específica en mi casa para cultivar algunas hierbas con las que cocino, reutilizando estas botellas de refresco no gasté en macetas, y lo mejor es que  su forma me sirvió para implementar un pequeño sistema de riego. También he recolectado y reutilizado algunas llantas de automóvil, en ellas he podido sembrar algunos tipos de verduras, como lechuga, espinacas y acelgas, con las que me preparo unas ensaladas deliciosas.

Por otro lado, toda mi basura orgánica, como las cáscaras del huevo y del plátano o las naranjas, entre otros desperdicios de lo que comemos, me sirve también como abono, y ya no batallo con esos botes apestosos que se llenaban de mosquitos.

Y por si fuera poco, el cultivo de mi huerto urbano (vivo en la Ciudad de México), me ha funcionado mejor que cualquier terapia. No saben cuánto me desestresa esta actividad, tanto que no me importa ni ensuciarme ni agotarme mientras atiendo mi pequeña hortaliza. Sí, yo soy de esas “locas” que hablan con las plantas.

Yo tampoco lo creía, pero desde que comencé a platicar con ellas, se han puesto más chulas. Dado que me relaja tanto estar en este espacio, coloqué una mesa con una sombrilla y saqué mi sillón favorito para leer allí en cualquier momento del día. Y luego, como todo está muy bonito, cuando mis amigas me visitan me piden que salgamos a mi huerto para tomar el té.

Además, todas las mañanas recibo visitantes, muchas aves vienen por los bebederos que también he instalado en mi jardín, y yo disfruto muchísimo de su cantar. Todavía no tengo la fortuna de ser madre, pero he podido compartir grandes momentos con mi sobrina favorita en este espacio. Si ustedes tienen hijos, esta actividad les enseñará muchísimas cosas, y podrán participar en cualquier etapa del proceso.

Espero que este post despierte en ustedes el deseo de construir un huerto, si es así, háganmelo saber, y pregúntenme todo lo que quieran, juntas podemos construir una ciudad más verde, más llena de vida.

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